Han pasado dos meses desde que te fuiste y ahora lo entiendo todo.
Estoy bien, a veces me olvido que tengo el corazón roto pero hay días en los que estoy arreglándome para ir al trabajo y me dan unas ganas inmensas de llorar y recuerdo que te has ido, y te odio.
Recibí un mensaje escueto el día de mi cumpleaños y te odié, pero lo entendí.
Tú no me quisiste, nunca.
Y lo respeto pero ya no puedo, ya no puedo escribirte cada cierto tiempo, no puedo esperar que un día despiertes y lo entiendas, que soy yo.
Me enamoré de ti como una estúpida.
Pero me voy de ti de la manera más inteligente que conozco, sin decir adiós, sin azotar la puerta, sin hablar mierdas de ti, sin dramas innecesarios; pero me voy, esta vez de verdad.
Me hiciste odiar mi película favorita y las canciones del verano.
Me hiciste no querer volver nunca a la ciudad en la que nos conocimos.
Y qué bueno, tengo muchos planes el próximo año, no te incluyen.
¿Te odio por no quererme? Porque una vez más la terapia se fue a la mierda, y me volví a sentir la chiquita de dieciséis a la que nunca escogían.
No quisiera, pero sí, te odio, un poco.