jueves, 20 de agosto de 2026

Te odio, un poco.

Han pasado dos meses desde que te fuiste y ahora lo entiendo todo.
Estoy bien, a veces me olvido que tengo el corazón roto pero hay días en los que estoy arreglándome para ir al trabajo y me dan unas ganas inmensas de llorar y recuerdo que te has ido, y te odio.
Recibí un mensaje escueto el día de mi cumpleaños y te odié, pero lo entendí.
Tú no me quisiste, nunca.
Y lo respeto pero ya no puedo, ya no puedo escribirte cada cierto tiempo, no puedo esperar que un día despiertes y lo entiendas, que soy yo.
Me enamoré de ti como una estúpida.
Pero me voy de ti de la manera más inteligente que conozco, sin decir adiós, sin azotar la puerta, sin hablar mierdas de ti, sin dramas innecesarios; pero me voy, esta vez de verdad.
Me hiciste odiar mi película favorita y las canciones del verano.
Me hiciste no querer volver nunca a la ciudad en la que nos conocimos.
Y qué bueno, tengo muchos planes el próximo año, no te incluyen.
¿Te odio por no quererme? Porque una vez más la terapia se fue a la mierda, y me volví a sentir la chiquita de dieciséis a la que nunca escogían.
No quisiera, pero sí, te odio, un poco.

lunes, 10 de agosto de 2026

Y ahora ¿qué hago sin ti?

Te escribiré toda la vida, dos poemarios,
uno con cada nombre que tienes,
hablaré de ti en mis escritos, 
escribiré una novela en donde los protagonistas tienen una relación a distancia
y después de tanto tiempo
coinciden en una misma ciudad y terminan juntos,
todas las historias hablarán de nosotros,
en una realidad alterna en donde todo sale bien, y somos el uno para el otro,
en una realidad donde él la quiere lo suficiente.

Te llevaré tatuado en la piel,
tu camisa azul será mi bandera,
tu aroma el escudo,
y una canción de Pablo Alborán el himno nacional,
serás mi nación,
de la que vengo,
en esa en la que no puedo quedarme,
de la que me tocó migrar.

Te dejaré ir con la sensación de que te llevarás una parte de mi contigo,
para siempre,
que habrá algo mío que siempre tendrás
y que no tengo idea que harás con eso, y me asusta,
lo cuidas por favor,
me cuidas,
no me dejes olvidada en las camas de otras.

Me iré de ti como quien deja algo que quiere con todo su ser
y no sabe dónde ponerlo,
dónde dejarlo.

No tengo idea cómo empezar a olvidarte,
sé que tengo que hacerlo,
pero no puedo,
te siento en la piel,
y no puedo arrancarte de ahí,
y ahora,
¿qué hago sin ti?

jueves, 30 de julio de 2026

Aún lo quiero.

 Aún lo quiero.

Aún deseo esos sueños que un día te conté, quiero la casa en el campo con tres perros y un gato, quiero una hija, y un librero enorme.

Quiero alguien con quien envejecer y jugar ajedrez, leer libros y siempre comentarlos en la hora de la cena.

Quiero alguien que toque la guitarra y me abrace fuerte en los días grises.

Quiero alguien que entienda que habrá días en los que no me podré levantar de la cama, y que tendré episodios de ansiedad cuando haya algún cambio y estaré bien, siempre.

Aún quiero todo eso.

Quiero alguien que sea mi mejor amigo, que me haga reír y me mande canciones bonitas para agregar a mi playlist.

Quiero viajes, conciertos y amor, muchísimo amor.

Solo que ya no lo quiero contigo.

No te vayas.

 He pensado en los grandes gestos que ocurren en la gran pantalla,
o en los libros,
en las obras de teatro,
o incluso en los que exponen en los museos,
yo me derrito con cada uno de ellos,
ya sabes como soy.

Pero tú me dijiste: "te quiero" mientras veíamos Netflix y calentábamos pizza de la noche anterior,
yo desarreglada con tu camisa de pijama,
y no me pareció nada más romántico.

Noche tras noche,
ruego en silencio que no te vuelvas a ir,
y aunque tú me prometiste que venías para quedarte,
a veces me da terror,
miedo a que un día ya no toques mi puerta,
y tenga que empezar sin ti,
en un mundo en donde no estés,
no creo que pueda volver hacerlo.

Es la forma en la que me abrazas,
y me das un beso en la frente,
me miras,
y nadie me ha observado como tú lo haces,
como si yo sostuviera todo tu mundo,
y es al revés
cuando no estás,
tambaleo.

No te vuelvas a ir,
yo no me voy a ningún lugar,
estoy aquí,
donde siempre,
para siempre.


Un poema de amor.

 Voy a escribirte un poema de amor.

Voy a describir lo que me haces sentir cuando me miras, te ríes, y me sacas la lengua.

Voy a contar que cuando te veo cocinar pienso en que podría pasar la vida así, que estoy demasiado orgullosa del hombre en el que te has convertido, que sigues siendo la persona que más me hace reír en este mundo, ojalá nunca decirnos adiós.

Voy a escribirte un poema de amor, y este dará la vuelta al mundo, se hará famoso, ganará premios, todo el mundo querrá conocerte, querrá saber quien es la inspiración para tan lindas letras.

Voy a escribirte un poema de amor, contaré de las noches viendo películas, suspirando cuando una escena de amor es digna de un Óscar, de las tardes armando legos y preparando café, de que en pocos días, yo me volví a enamorar de ti.

Voy a escribirte un poema de amor, contará sobre la rutina que supone ir al supermercado y comprar lo que prepararíamos en la cena, cepillarnos juntos los dientes e irnos a dormir, escribiría que sorprendentemente logro conciliar el sueño con tus ronquidos cuando suelo despertarme con cualquier ruido, que desde que estás ya no sufro de insomnio.

En este poema relataría que me sigue volviendo loca esa camisa azul que usas en ocasiones especiales, que me sigues pareciendo guapísimo y que me encanta tu risa, que no imagino en el mundo una persona que me pueda gustar más que tú.

Contaría que me curaste el corazón y que éste volvió a la vida el segundo que entraste a la cocina y me miraste por primera vez, que me gustaría comprar el mismo vino que compramos esa ocasión en la que supe que no iba a querer a nadie así.

Y contaría de las veces que bailábamos sin que nadie mirara y nos sonreíamos a escondidas porque nadie sabía que entre tú y yo había algo, escribiría que la distancia no nos impidió nada, porque lo que sentíamos siempre fue más y más.

Voy a escribirte un poema de amor, y juraré que será el último que escriba de ti y será mentira, como siempre, como todo.

lunes, 25 de mayo de 2026

Cinco letras.

Un nombre, cinco letras que forman una explosión, un Big Bang, un terremoto que levanta todo a su paso.

Cuando lo conocí me pareció que era el único hombre sobre la faz de la tierra, que el resto de personas en el mundo eran insignificantes, el sonrió y se detuvieron todos los relojes; supe al instante que sería mi bomba nuclear, mi Hiroshima. Él era radioactivo, fatal; supe que sería mi perdición.

Él tenía los ojos marrones, era de estatura mediana, contextura delgada, lucía una mata desordenada de pelo muy oscuro, casi negro. Era la perfecta combinación entre el chico más lindo del colegio y de aquel que sabías que te jodería la vida, y vaya que me la jodió.

Su olor se mezclaba entre el perfume de Dior que usaba y los cientos de tabaco que solía fumar, tenía una camisa azul que sería su marca personal, la que si reconocía en otros lograba hacer que mi corazón se detuviera.

El primer gran desastre de mi vida, antes de él todo era muy insignificante, la carrera que estudiaba, los hombres con los que había salido, la rutina que había formado, todo se volvió pequeño, para darle paso a él, a él y al gran amor que le llegué a tener.

No sé si él se dio cuenta, pero yo sí: sabía, conforme vivía cada uno de esos momentos, que no los olvidaría jamás y que el tiempo se convertiría en una vitrina que guardaría aquellos recuerdos para repasarlos una y otra vez, para no sentirme tan miserable cuando él se fue.

En nuestra despedida le pedí que no se olvidase de mi, que amara a alguien o a muchas más, pero que no le prometiera lo que algún día me juró, que no escucharan las canciones que un día me dedicó y que no adoptasen un perro juntos. Que inventase otras vidas y dejase la que nosotros imaginamos para esa realidad paralela en la que nuestra relación duraba toda la vida.

Las cinco letras de su nombre me iban a doler toda la vida, porque eso era el amor ¿verdad? ¿qué si no?

viernes, 23 de enero de 2026

Y es mentira.

Tú no estás enamorado de mi,
ni yo de ti,
no podemos,
estamos rotos,
y atados a otros.

No me prometes un futuro,
y yo no me imagino contigo en unos años,
pero nos mentimos,
fingimos que casi,
y no.

Tú tienes al amor de tu vida,
y yo al mío,
nos negamos a soltarlos,
así que pretendemos que podemos sostenernos,
cuando no.

Compartimos cama,
te hablo de los libros que leo,
y tú me cuentas de tu trabajo,
nos preocupamos si el otro se enferma,
nos agarramos de la mano en lugares públicos,
y hace dos semanas te presenté a mis amigos,
pero esto es alquilado,
es temporal.

Fingimos que podemos,
que seguimos adelante,
que vamos a caminar juntos,
y es mentira.

Te digo te quiero,
y es verdad,
en serio,
pero querernos a ratos,
no es amor,
no lo será nunca,
no puedo,
yo ya adoro a alguien con todo mi ser,
y ese no eres tú,
lo siento.