domingo, 12 de noviembre de 2017

Quería.


Quería que me dijeras: "quédate"
cuando dije que me iría,
porque no lograba comprenderte.

Quería una llamada,
un: "te echo de menos".

Quería Alborán,
Drexler,
Morrison,
Medrano,
sonando de fondo,
un domingo cualquiera.

Quería lunas llenas,
paseos interminables,
quería tu sonrisa por las mañanas,
por las tardes,
y las noches,
y los años bisiestos,
y los 365 días de mi vida.

Quería Noruega,
Suiza,
Brasil;
y todos esos planes absurdos
que hacíamos
como si fuéramos dos niños,
con toda la vida por delante.

Quería auroras boreales,
estrellas fugaces,
tréboles de cuatro hojas,
solo por el simple hecho de burlarme de la suerte,
al tenerte a ti,
como mi amuleto preferido.

Quería conciertos,
obras de teatro,
ferias de libros,
y cualquier excusa para tomar tu mano,
y presumirte con todos por la ciudad.

Quería que me dijeras que estabas en el mismo lugar de siempre,
esperándome,
que habías comprado un par de cervezas,
y que guardabas una botella de vino en el carro,
por si estaba de humor.

Quería que me dijeras que estabas.

Quería,
ay,
yo te quería.

domingo, 5 de noviembre de 2017

No me acostumbro a ti.


Ya es mucho tiempo despertando con esa misma sonrisa,
agarrando esas mismas manos,
escuchando tu voz,
aguantando tus manías,
sorprendiéndome cada día,
de esa forma tan peculiar de pensar.

Tienes como mil personalidades,
cada una de ellas,
no se cansa de ser perfecta.

Resulta tan extraño,
que aún siga descubriendo cosas tuyas,
hace unas semanas me enteré que sabías cantar,
que de niño tocabas la guitarra,
que no duermes con almohadas,
y que sueles tener pesadillas muy extrañas.

Y no me acostumbro a ti.

Cuando estoy a punto de entenderte,
de descifrar todos tus secretos,
tú de repente me cambias la jugada,
y a veces no sé si gano o pierdo,
pero entonces te veo a lado mío,
con esa cara de niño travieso,
y nada parece estar mal.

Magia.

Y no me acostumbro a ti.

Imposible hacerlo,
si a mí esto del amor
siempre se me ha dado fatal,
sí he dicho amor,
creo que ninguna palabra cabe de manera más perfecta,
a esa manía tuya
de querer cuidarme incluso cuando estoy a salvo.

Después de tantos errores de una noche,
o de dos,
o de tres,
al final,
nadie se quedaba al amanecer;
imagínate lo que se siente que seas lo primero de ver al despertar.

Cómo acostumbrarme a los lunes de lasaña,
a los viernes de teatro,
a los domingos de sofá y películas;
cómo tenerte a mi lado,
sin pensar que ha sido producto de una broma,
o de algún pacto con el diablo.

Es que la soledad había sido una compañía incondicional,
durante ya varios años,
yo pensaba que ella era todo lo que necesitaba,
pero apareciste tú.

No me acostumbro a la suerte que supone tenerte conmigo,
a que de ahora en adelante
te cargue a ti
como mi trébol de cuatro hojas,
entiéndeme,
no me acostumbro a ser tan feliz.

Cuando el mundo se me antoja un tanto oscuro,
estás tú,
inventándote colores,
alumbrando todos esos rinconcitos que creía olvidados.

viernes, 27 de octubre de 2017

Te hubieras quedado


Te hubieras quedado,
tenía poemas para cada ocasión,
para cada risa,
para cada lágrima,
para cuando no tenga ganas de soportarte,
para cuando no me soporten las ganas.

Lo hubieras hecho,
en serio;
he aprendido a ordenar mi cuarto,
ahora cocino,
y he dejado la cerveza los viernes,
bueno,
eso no.

Te hubieras quedado,
tendrías una antología completa para ti,
la pudieras vender,
sacar unos cuántos dólares,
yo que sé,
presumir con cada visitante de tu cama,
que una loca, deseosa de ser poeta
se moría por ti,
lo hacía;
solo para recalcar.

Te hubieras quedado;
no canto tan mal,
doy conciertos privados,
me sé todas las de Alborán,
tú solo pide.

Te susurraría cualquier estupidez antes de dormir,
calentaría tus pies,
soportaría tus ronquidos,
tus insoportables hábitos al dormir,
yo que sé.

De ser tú;
me habría sujetado fuerte a mí,
a alguien que me quisiera como yo lo hacía.

Te hubieras quedado
hijo de puta,
lo hubieras hecho.

domingo, 22 de octubre de 2017

Blanco y negro.


Somos un desastre,
los dos.

Bailamos en tiempos diferentes,
yo avanzo tres pasos,
tú retrocedes cinco.

Así, siempre.

No nos entendemos jamás,
a veces somos tan diferentes,
y otras tantas tan iguales.

Porque ninguno de los dos
nunca se anima a perder la razón.

Y peleamos,
una y otra y otra vez;
y trato de rendirme,
de convencerme
que no puedo seguir así.

Luego apareces de sorpresa,
afuera de la universidad,
con tu sonrisa de mediodía,
con alguna estupidez tuya.

Y ya,
de repente todo está bien.

Es que me haces tan bien.

Luego te vas,
y yo no contesto el teléfono,
o tú llegas tarde;
y hacemos exactamente lo que no soportamos.

Y volvemos al ciclo de nunca acabar.

De no poder estar contigo,
pero volverme una completa loca al estar sin ti.

Y entonces llega,
un simple mensaje,
un "te quiero"
y ¡qué putada todo esto!
porque no hay nada más perfecto,
nada mejor que tú,
que tú queriéndome.

Voy a intentarte,
hasta que me salgas bien,
hasta que nos salga bien,
hasta que nos hagamos bien.

No me voy a rendir
¿tú?

lunes, 16 de octubre de 2017

Asunto pendiente


Volvías,
y te ibas,
volvías,
y te ibas.

Debí haberte cerrado la puerta en la cara,
para ver si así,
sentías un poco del dolor
que a mí me ahogaba en ese momento.

Volvías,
con la misma sonrisa,
con las mismas manías,
con la misma forma de hacerme tan feliz,
y te ibas,
te aterraba la idea de quedarte;
decías que no lograbas olvidarla.

Y así,
el reloj corría,
las hojas cambiaban de color,
y yo había encontrado otro amor.

No iba a esperarte toda la vida tampoco.

Tú,
saltabas de boca en boca,
cambiaste el ron por el whisky,
dejaste de fumar,
y creo que te graduaste,
aún así,
no la dejabas ir.

Yo,
me había enamorado,
me pinté el cabello,
conseguí trabajo,
y había dejado de escribir.

Tú,
con su recuerdo a cuestas,
yo,
pensando que quería a alguien más.

Qué ingenuos.

Qué tercos.

Así,
un día cualquiera,
como si el tiempo no pasara en vano,
reconociste mi risa,
y te decidiste entrar a aquel museo;
te habías dejado la barba,
y llevabas aquella camisa azul que te regalé alguna vez,
olías a vida,
a tanta vida.

Me invitaste a un café,
y se te notaba nervioso,
toda la tarde hablando de trivialidades,
como si fuéramos un par de amigos,
que habían dejado de contactarse,
extraño,
muy extraño;
después de todo lo que vivimos.

Al dejarme en casa,
susurraste que teníamos algo pendiente.

Y así era.

Quién diría que estaría escribiendo esto,
mientras te veo cocinar,
escuchando rock en español,
tomando cerveza un domingo.

Qué ironía pensar en todo lo que tuvimos que pasar,
hasta llegar aquí,
gracias al cielo que pasó,
que nos costó,
ahora no te suelto,
así que te aguantas,
y me aguantas.

Por cierto,
te quiero.

jueves, 12 de octubre de 2017

No soy yo, eres tú.


No soy yo,
ni mis risas mañaneras,
ni mi gusto al café,
ni mi costumbre de madrugar;
eres tú,
tu sonrisa,
tu luz,
que alimenta más que cualquier desayuno.

No soy yo,
ni mi vicio a leer,
es el roce de mis manos
recorriéndote,
se siente exactamente igual
que pasar página a página,
con la ilusión de encontrar otros mundos,
así,
a través de tu cintura.

No soy yo,
ni mi amor a la música,
es tu voz,
que se me antoja a coros de Drexler,
canciones de Morrison,
y a todas esas letras que antes de ti,
no tenían sentido alguno.

Eres tú,
y tu gusto por el whisky.

Eres tú,
y tu olor a tabaco,
tu adicción a viajar,
y repudiar la tecnología.

Eres tú,
tan viernes de noche.

Eres tú,
y tu gusto por el chocolate,
tu ilusión de conocer Roma,
y de ver un partido en Madrid.

No soy yo,
eres tú,
definitivamente eras tú,
sólo tú;
¡y qué suerte!




domingo, 1 de octubre de 2017

Si tan solo miraras.


Si tan solo miraras,
miraras cómo te veo cuando ríes,
cuando llegas,
cuando te vas,
cuando susurras "que nos veremos más tarde"

Si miraras
mi manera de buscar tus ojos en el tumulto,
donde sea,
con quien sea,
en la mirada de otra gente,
estás,
siempre.

Si tan solo miraras cómo mis dedos
se mueven en el teclado
cuando intento hablar de ti,
cuando busco cientos versos que definan
tu manera peculiar de caminar.

Si miraras
que ni siquiera me percato en la mirada de alguien más
ni en la sonrisa de nadie,
y que detesto la forma que alguien dice mi nombre,
sino lo haces tú.

Si tan solo miraras,
me miraras.

Si miraras mis manos,
capaces de sostener el mundo,
el tuyo,
para que así,
no tengas excusa alguna de huir.

Si tan solo miraras,
que te observo,
que te anhelo,
te juro,
que no te daría ganas
de mirar en otra dirección.