miércoles, 2 de mayo de 2018

Cuéntalo.


Tenía doce años,
lo recuerdo,
llevaba un short blanco,
hacía calor,
¿qué esperaban que usara?

Los primeros comentarios obscenos en la calle,
mamá me dijo que no prestara atención,
que no valía la pena,
que tocaba acostumbrarme.

Acostumbrarme,
exacto,
como si escuchar cosas desagradables deberían ser parte de mi rutina.

Tenía quince,
llevaba el uniforme del colegio,
falda por debajo de la rodilla,
blusa larga y corbata;
reía con mis amigas,
pero a un chico le pareció graciosísimo
tocarme las nalgas mientras salía corriendo
con aires de superioridad.

No, no llevaba ropa corta,
no hacía gestos sensuales,
pero sin embargo alguien se le dio por pensar
que yo no tenía decisión alguna en quién podía o no tocarme.

A los dieciséis tuve que sacar a mi hermano menor de una pelea,
porque un grupo de hombres adultos habían dicho:
"que estaba tan buena que me comerían entera",
"tranquilo Paúl, no pasa nada; vamos a la casa"
"esto siempre pasa"

Claro que para él era extraño,
él nunca va a entender lo que para nosotras significa salir a la calle.

Tenía dieciocho años,
y cometí el "error" de usar falda en la Universidad,
un profesor me dijo que le incitaba a pecar,
yo solo pude sentarme,
mientras todos reían.

Es que claro, fue mi culpa;
cómo iba a ponerme falda si en donde yo estudio
hace tanto frío.

Obvio,
si yo cuando elijo mi vestuario,
siempre pienso a quien voy a llamar la atención,
y que me encantaría recibir palabras de ese tipo.

Que si no me gustan sus "piropos"
entonces debo aprender a vestirme como monja.

Lo siento,
mi error.

Que si estoy solo con mis amigas en una discoteca,
automáticamente se piensa que estoy buscando a alguien,
¿segura que no quieres a nadie?
¿y quién te va a invitar a lo que quieras?
¿segura que no tienes novio?
si, si; ya mismo viene, y se va a enojar si me ve hablando contigo.

Porque hasta de mi situación sentimental me ha tocado mentir,
porque sí,
mi culpa
¿cómo no voy a salir de noche con algún hombre?

A los veinte,
regresaba de la Universidad,
bajé de mi colectivo,
y en la otra vereda se encontraban tres hombres completamente ebrios,
uno de ellos,
quería cruzarse a donde yo estaba,
por su condición,
se cayó,
y yo oré a Dios por eso,
salí corriendo.

Ahora,
en cada Fiesta de Quito o feriados,
por mi horario nocturno,
prefiero no ir a mis últimas horas de clase,
o coger un taxi.

Y eso es otro problema,
porque debemos llamar a una cooperativa,
o pedir a una amiga que anote las placas del carro,
y con el típico: por favor, me avisas cuando llegues.

¿Hasta cuándo?
Por favor, hasta cuándo.

Al igual que muchas estoy HARTA de tener miedo,
de simular que están mis padres esperándome en casa,
porque si alguien se entera que paso sola,
otro drama,
de no poder ir a un bar tranquila con mis amigas,
que si una sale,
todas tenemos que ir tras ella,
porque luego nosotras somos las malas,
que por qué no nos cuidamos,
que por qué no andamos en grupos numerosos.

Lo cuento porque puedo,
porque nadie ha apagado mi voz,
porque no quiero "acostumbrarme"
porque deseo,
anhelo,
dejar de preocuparme si mi hermana no contesta el teléfono,
si mamá se queda sola en casa,
si se me hizo tarde, y me alcanzó la noche.

Lo cuento porque quiero que esto acabe.




martes, 1 de mayo de 2018

Héroe


Papá corriendo para que no me caiga,
papá en la camilla del hospital contándome historias para que deje de llorar,
papá discutiendo conmigo por un ejercicio de matemáticas,
papá regalándome libros,
papá durmiéndose en las películas.

Desde muy niña lloraba un montón cuando tenías que irte de viaje,
cuando volvías pasaba horas mirando la puerta por si llegabas.

De niña eras mi héroe, mi superhumano, el mejor hombre del planeta,
han pasado veinte años y las cosas siguen exactamente igual.

Creo que eres la persona a la que más escribo,
es que de ti; se puede hacer un libro, con mínimo 1000 páginas,
letra arial, tamaño nueve,
y aún así,
me quedaría corta de todo lo que puedo contar.

Eres la persona por la que más he llorado,
solo con verte,
ahí;
acostado leyendo el periódico,
o ver como observas a mamá y le tomas mil fotos en nuestros viajes,
o que pases en las ferreterías como niño pequeño,
solo eso,
me provoca derramar lágrimas,
porque me parece tan absurdo que entre millones de personas,
sea yo,
la afortunada de tenerte.

Me parece injusto que el mundo no te conozca,
no sepa de tu magia,
de tu bondad,
de todo lo que puedes llegar hacer con una simple mirada,
con un solo abrazo, porque yo en tus brazos siento que de repente el mundo cobra sentido.

Y amo la forma en la que te miro, no como tú me observas,
capaz de alcanzar la luna si me lo propongo,
amo la manera en la que tú me haces mirarte y que podría pasar vidas haciéndolo.

Amo la forma en la que te amo papá,
tan desmedidamente,
tan irracional,
como si una parte de mi cuerpo haya sido creada solo para eso,
para quererte así,
no se me ocurre hacerlo de otra manera.

Que nadie tiene que explicarme qué es el amor,
yo ya lo sé,
claro que sé que es el amor
¿acaso no me has visto descubriéndolo cuando te miraba y tú estabas sonriendo?

Y aunque los años no pasan en vano, yo a ti, te veo cada vez más guapo.

No puedo imaginarte de otra forma,
no se me ocurre hacerte más perfecto.

No tengo nada más que decirte, porque todo esto ya lo sabes de memoria.

Papá, quédate aquí por siempre.

viernes, 27 de abril de 2018

Y me lo pregunto.



¿Aún pides deseos a las 11:11?
¿Me echas de menos?

¿Sigues riéndote tan escandalosamente?
¿Eres feliz?
¿Lo eres? ¿De verdad?

¿Sigues fumando dos cigarrillos diarios?
¿Y la cerveza? ¿La sigues detestando caliente?

¿Ya pagaste la multa de aquel diciembre?
¿Ya pintaste el cuarto? ¿O sigue teniendo ese amarillo horrible?

¿Aún sufres de insomnio?
¿Me echas de menos?

¿Y ella?
¿Le gusta el arte?
¿Le regalas flores?
¿La llamas ebrio?
¿Le calientas los pies cuando tiene frío?
¿Le sacas la lengua porque detestas decir adiós?

¿Me echas de menos?

¿Y la maestría? ¿Te inscribiste para este verano?
¿Por fin botaste esa camisa azul vieja?
Recordatorio: Comprar pantalones nuevos,
y un abrigo también.

¿Fuiste aquel concierto en Enero?
¿Ya empezaste ahorrar para un nuevo carro?
¿O irás a Grecia en Octubre?

¿Cuando piensas aprender inglés?
¿Terminaste el libro?
¿Empezaste Sense8?

¿Me echas de menos?

¿Aún sueñas con auroras boreales?
¿Ya aprendiste a estacionarte?
¿Y la cámara profesional? ¿La compraste?

¿Sigues yendo a pescar los domingos?
¿Y la moto? ¿Sigue parqueada?
¿Tu jefe? ¿Es el mismo?
¿Sigues deseando su muerte?
Recordatorio: Buscar un nuevo empleo.

¿Me echas de menos?

Y si pudieras volver en el tiempo,
¿te quedarías?
me lo pregunto.

domingo, 22 de abril de 2018

Fantasmas.


Hoy arreglando mi habitación,
encontré aquel papel en el cual escribí tu nombre
cientos de veces,
así como niña chiquita,
como si mantener ese retazo de hoja,
significara que tú no te marcharías.

Pero te fuiste,
lo hiciste;
después de habérme jurado que jamás te irías.

Cómo lo haces,
quisiera saber cómo.

Hice un tour a tus recuerdos,
me quedé en el
"en cambio sé que en tus brazos
el mundo tiene sentido"
de Benedetti.

¿Recuerdas,
recuerdas aquel verso?
dime que sí,
que aún lo haces.

Que me ves sonriendo,
muerta de la risa,
en el asiento del copiloto
arrugando la nariz,
llevándote la contraria en absolutamente todo.

Que después de mí,
todas llevan mi nombre,
pero ninguna mi sonrisa.

Tengo atesorado en cuatro llaves
todas las miradas que nos hacíamos,
todas esas risas que compartíamos,
tu: "nos veremos pronto, lo prometo";
como si eso,
lograra que vuelvas a mi.

Pero ese pronto,
nunca llegó,
y yo jamás te volví a ver.

Y lo curioso,
es que ya no te echo de menos,
porque tú dejaste de estar,
incluso cuando estabas.

Y uno se termina acostumbrando ¿no?

Y aunque yo no te esté extrañando,
espero tú estés anhelando mi regreso,
porque esta vez es tu turno.

Te toca a ti,
desear que vuelva.


domingo, 8 de abril de 2018

A la medida


Romántica empedernida,
dice mamá,
cuando trata de definirme.

Desde pequeña vivía enamorada de las películas de amor,
de los finales felices,
de cuentos de ficción.

Luego empecé a escribir.

Retrataba,
recitaba,
creaba versos de un amor que creía imposible,
épico,
inalcanzable,
difícil de hallar.

Me repetía que la vida es más complicado que eso,
que debía aprender a conformarme,
y ¡qué bueno que jamás lo hice!

Es que ni porque hubiera tenido un pincel,
lápiz y papel,
y pudiera haberte dibujado a mi antojo,
ni así,
te hubiera hecho tan perfecto,
tan imperfecto,
tan para mí.

Hasta tus defectos encajan con los míos.

Y así va la cosa.

Tu presente y tu futuro,
miden los mismos pasos que los míos,
que del pasado hablamos luego.

A la medida.

Como dos piezas de un puzzle
que se creían extraviadas,
y después de tanto buscarse,
se hallaron en la canción adecuada.

No dejemos de bailar.

Que si caigo
que sea en los centímentros
que me separan de tu boca.

Como mi "uno en un millón",
una estrella fugar,
un eclipse solar,
y cualquier otro fenómeno
que es muy poco probable que ocurra.

Así, exactamente así,
tú,
a la medida.

viernes, 16 de marzo de 2018

Pendientes.


Quiero pensar que aún quedan cervezas por beber,
conversaciones sobre si la luna o las estrellas,
si Madrid o París,
si salir o quedarnos en casa.

Quiero imaginar que aún existe un momento
en donde sí seremos tú y yo,
caminando de la mano,
como si el mundo nos perteneciera
si estamos juntos.

Que dentro de algunos años,
recordarás el camino a casa,
como si nunca hubieras dejado de venir,
esperaras en el portón,
y dirás: "hoy estás más bonita que nunca";
y así,
todos los días.

Como si esos tres años tarde,
hayan significado un viaje de fin de semana,
y nada más que eso.

Me preguntarás sobre el trabajo
si el perro ha dejado de escaparse por las noches,
si ya no tengo miedo a la oscuridad.

Y volveremos al verano que supone una vida contigo,
después de tanto invierno
no nos sentaría mal unas vacaciones;
a tu lado siempre es viernes noche.

Puedes irte,
no te preocupes,
tenemos un "te quiero" pendiente.

lunes, 12 de marzo de 2018

Mi turno


Después de tantos errores,
desfalcos,
"bueno, creo que esta vez me lo merecía"

De justificar equivocaciones injustificables,
de querer a destiempo,
de llegar impuntual,
siempre fuera de hora.

De tantos corazones sin coser,
de recorrer caminos a la mitad
y darme cuenta tan tarde,
que ese no me llevaba a ningún lado,
que no me llevaba a ti.

Después de haber tirado la toalla tantísimas veces,
de decirle a medio mundo
que esta vez
"estaba mejor sola"
llegaste.

Como quien no quiere la cosa,
parecías analizarme mil y un veces,
me mirabas como si fuera un ser extraño,
y en una de nuestras tantas borracheras
confesaste que el día que me conociste
pensabas que era de otro mundo
¿por qué?
aún no tengo idea.

Me acariciaste los miedos,
besaste mis defectos,
y hasta ellos empezaron a quererte.

Y me tocó acertar,
teniéndote a ti de la mano,
se me antoja que todo lo que hago
es algo así como perfecto.

Me curaste,
me vendaste,
me hiciste sonreír como aquella niña
que lee su primer libro
y quiere alardear con los demás.

Y aquí estoy,
presumiéndote un poquito,
porque me parece muy egoísta que sea yo,
la única afortunada de conocer tu magia.

Y como hay cosas que no sanan con el tiempo,
a mí me tocó tropezarme con tu sonrisa
y ¡qué bonito!

Era mi turno,
eras MI turno.