miércoles, 24 de julio de 2019

Luz.


El otro día, mientras sonaba:
"Sweet Home Alabama"
recordé que hace mucho no escucho canciones tristes,
canto siempre en la ducha,
bailo en cualquier lugar,
ahora duermo ocho horas diarias
y los domingos se han convertido en mi día favorito de la semana.

Eres el antídoto.

A todo.

Al insomnio,
a las pesadillas,
a las malas noches,
a los días aburridos,
a la casa sin libros nuevos.

Has alejado todo lo malo,
que no consigo recordar cómo reía antes de ti,
o si realmente lo hacía.

No es que haya sido infeliz toda mi vida,
pero
¿has usado lentes alguna vez?
es como cuando los tienes empañados desde siempre,
y de repente,
alguien decide limpiarlos,
y todo claro,
todo luz.

Así,
tú.

Lo sé,
sé que es muy poco romántico que te compare
con mi miopía,
pero lo siento,
sabes que no soy buena en esto,
y lo estoy intentando.

Por ti,
siempre.

Ahora entiendo cuando todos decían,
que siempre viene algo mejor,

Tan hecho a la medida.

A la medida de alguien más,
porque juro que a veces quisiera acabar contigo,
pero eso sería terminar conmigo también,
y por eso paso.

Me sacas de quicio,
todo el tiempo,
con tu sonrisa encantadora,
con tu mirada de siempre saber lo que pienso,
con tu guitarra,
con tu forma de abrazar.

Me sacas de quicio,
pero no imagino la vida sin ti,
y así va la cosa.


En fin,
que lograste lo que te propusiste,
que me tienes aquí,
escribiendo cosas sin sentido.

Riendo como estúpida pensando en ti.

Que te quiero,
y que más vale que llegues puntual hoy.

domingo, 14 de julio de 2019

Te extraño.


Volví a verte,
en sueños,
me refiero;
es la única manera de saber de ti,
últimamente.

Te extraño
¿sabes?
y no de una manera romántica
o necesaria.

Solo te echo de menos,
como cuando la vida se empeña en que te recuerde,
y abro un libro,
y es tu poema el que me saluda,
y escribo un mensaje y el teclado forma la manera
en la que tú solías llamarme.

Y así,
solo,
te echo de menos.

Extraño saber de tus días,
de si dejaste el tabaco,
de si empezaste a leer
como me lo prometiste un día,
si estás pensando en la maestría
o si eso quedó para otra vida.

Extraño esa forma tan fácil que tenías de ver la vida,
contigo a lado,
siempre estaba de vacaciones,
y es eso,
lo que necesito tanto.

Extraño todo eso,
que la costumbre da.

Tenerte era mi rutina,
entonces te imaginas cómo ha sido mi vida,
desde que te fuiste.

Y no,
no ha ido mal,
en realidad me va increíble.

Pero sigue patas arriba,
como cuando el huracán de tu ausencia,
llegó
y acabó con todo.

Y lo siento,
pero no he tenido tiempo para limpiar.

Solo eso,
que te extraño.

Y que aunque no me arrepiento ni un segundo
de que acabara,
hubiera querido que sea diferente,
todo.

Y nada,
que es domingo y,
te extraño.

Solo quería que lo supieras.


miércoles, 26 de junio de 2019

Mejor nunca, mejor.



Te extraño,
lo sigo haciendo;
me dueles,
como el día uno.

Pero ni así,
quiero que estés aquí.

Porque prefiero mis heridas que conozco de memoria,
que sé cuando sangran
y cuando no,
con qué canción lloran
y con cuáles se ponen a bailar.

A seguirte permitiendo que me hagas otras.

Porque sí,
porque el daño lo permites o no.

Y así es.

Recuerdo las veces que soñé,
que llorando le pedí al destino,
que volvieras,
que de repente un día te dieras cuenta
que aún nos quedaban planes pendientes,
películas en cartelera,
y canciones que bailar,
que aún nos quedaba vida juntos.

Y ahora,
que estás a un mensaje de distancia,
a una foto
de hacerlo todo realidad.

Me doy cuenta que hay hilos que no se encogen,
o se enredan
o se estiran,
simplemente se rompen.

Y de ahí,
la única solución
es una buena borrachera.

Es que si,
a veces es mejor nunca,
que tarde.

Igual te sigo debiendo unas cervezas,
conoces mi número,
la respuesta
es sí.

martes, 4 de junio de 2019

Cosas sin mucho sentido.

Prometo señalarte con post its mis poemas favoritos.

Que la tradición de probar una cerveza nueva cada semana,
se convierten en dos.

Saco los vinos de la reserva y brindamos todos los viernes,
porque la vida
nos ha hecho coincidir de nuevo.

Los sábados se convierten en fiesta.
de nuevo.

Y viajamos a las Maldivas,
perseguimos auroras boreales,
y vemos el atardecer en Madrid.

Y cumplimos todos los planes
que una vez nos prometimos hacer.

Y vivimos nuestra eterna luna de miel.

Que compro un librero
para nuestros libros nuevos,
sí,
nuestros.

Escucharemos "Detrás del horizonte" de Vicente García,
y me salvarás de esta tormenta
que resulta de una vida sin ti.

Me apagas los miedos,
me enciendes las ganas,
y me calmas las tristezas.

Y todo en equilibrio,
cuando vuelvas.

Cuando vuelvas,
porque vas a volver.

No te dejo ir,
nunca más.

Prometo quererte.

Siempre.

Pero eso,
déjame demostrarlo,
cada día.

viernes, 31 de mayo de 2019

Carta de despedida.



El problema es que nos quisimos mucho,
pero no bien,
nos quisimos tanto,
y llegó un día en donde no supimos qué hacer.

Me bajaste la luna,
me la pusiste a mis pies.

Y yo que la disfrutaba tanto cuando estaba arriba,
no la quise para mí.

El problema es que te sigo echando de menos,
cada día un poco más,
y se supone que no debería ser así,
¿para eso no era que funcionaba el tiempo?

O eso me habían dicho.

El problema es cuando tengo que morderme la lengua
para no preguntar por ti,
para no saber si estás aquí,
o allá,
si estás,
aún.

El problema es que aún pienso que la vida nos debe unas cervezas,
y no estás aquí para tomarlas,
y morirnos de la risa mientras lo hacemos.

El grandísimo problema,
es que nos rompimos,
y ya;
de eso no se vuelve.

Que no vale la pena,
ni las penas;
intentarlo una vez más.

Es quemar lo poquito que nos queda
y eso sí que sería muy triste.

Buena vida,
vida mía.


sábado, 25 de mayo de 2019

Lo siento.


La baja autoestima,
es algo real.

Te lo dice alguien que desde niña,
se lastimó de tantas formas,
que aún me duelen aceptar.

Una adolescente que cada cosa
que hizo,
que cada logro que consiguió,
lo alcanzó para ser lo que los demás querían que fuera.

Una mujer que le daba miedo,
le daba miedo
no ser como ella,
o como otra,
que no le gustará a él,
o a otro.

Hoy reuní a todas las Alejandras,
y llorando,
les pedí perdón,
perdón por cada lágrima
ocasionada por alguien
a quien yo permití que me hiriera,
perdón
por no ser siempre yo,
perdón
por no felicitarme,
ni sentirme orgullosa
cuando debí hacerlo,
perdón
por las veces que me veía en fotos,
y no me sentía suficiente,
perdón
por las veces que abrazada a la almohada,
me decía que algún día esto pasaría,
pero a la mañana siguiente,
seguía haciendo lo mismo,
que ella es más guapa,
más lista,
más graciosa.

Que yo soy muy torpe,
muy imprudente,
que mis dientes son chuecos,
y mi risa horrible.

Perdón,
lo siento tanto.

No puedo retroceder el tiempo,
no puedo cambiar episodios que pasaron,
y que aún logran dejar algo roto mi corazón.

Pero puedo hacer que eso no vuelva a pasar jamás,
que a partir de hoy,
cualquier caída,
cualquier error,
no va a ser causa de falta de amor propio.

Porque todo dolor que es a partir de eso,
puede doler toda una vida.

No estoy ciega,
es más,
nunca he abierto los ojos,
tanto como ahora.

Me he visto en el espejo,
y una vez más,
he visto mi frente amplia,
mis dientes chuecos,
mis ojeras,
mi papada,
mis lunares.

Y saben qué,
que he sonreído,
y me veía preciosa.

Esto no acaba aquí,
lo sé,
es un trabajo de día a día,
que si te confías,
los pensamientos de mierda,
te vuelven a la cabeza,
pero yo los he aprendido a callar.

Ahora se ponen a mi favor.

Y cantan una canción bonita.

martes, 21 de mayo de 2019

A esto le llamo crecer.


Tendría sentido ¿no?
odiarte toda la vida.

Que me juraras que no estabas listo para querer,
cuando en realidad,
lo que no podías era
quererME.

Y dolió,
no tienes puta idea cómo dolió.

En fin.

Que un día dejé de pensar
que era menos lista,
menos guapa,
o graciosa.

Llegué a la conclusión que tú eras un cabrón,
y ya está.

Lo siento.

Nunca fui de adornar lo que sentía,
y eso tú bien lo sabías,
lo supiste cuando me descubriste llorando
porque no quería
quererte de la forma en la que ya lo hacía.

Para ese entonces,
yo ya estaba muy jodida.

Y lo he entendido.

He entendido que no ha sido tu culpa,
siempre será de aquel que decide disparar,
que si no tocas el arma,
esta se queda en su sitio.

Soy una soñadora,
ya sabes,
de las que ven luz,
cuando todo es oscuro.

Y es que hay personas que ni aunque deseemos,
son luciérnagas.

Un día descubrí que mi corazón estaba tan acostumbrado a estar roto
que ya ni se preocupaba por repararse,
solo estaba ahí
a expensas de que alguien más lo rompiera.

Y eso,
es una de las cosas más tristes del mundo.

Pero un día,
no puedo ni recordar cual,
mis ojeras desaparecieron,
mis migrañas se calmaron con tequila y sal,
y yo salí a bailar.

Y aunque ahora,
me duelen los pies
nunca más pienso quedarme observando,
y ver como todo el mundo hace de mi pista de baile
lo que le venga en gana,
porque esta vez he decidido ser la protagonista,
la más guapa.

Y me sienta increíble el papel.

Que aún tropiezo,
es verdad
que a veces siento un montón
y es imposible lidiar con tanto,
pero,
para eso están las cervezas.

Que nunca pensé que quién me ponía el pie una y otra vez,
era yo misma.

Pero me he aburrido.

Y ahora solo quiero paz.

Y de vez en cuando la hallo,
he encontrado en mi rutina,
una forma extraña de tranquilidad,
lo repititivo no siempre debe asustar.

No cuando los fines de semana
hacen de las suyas y me recuerdan que después de tanto,
sigo siendo yo.

Es verdad,
que estoy en mis mejores años,
y no pienso esperar a que algo cambie,
cuando soy yo la que puede darle un giro diferente.

Me estoy equivocando,
un montón
pero esos errores,
son míos
y estoy muy orgullosa de ellos.

Le dije a la Ale de doce que se quedara tranquila,
que sino me hago escritora,
me vuelvo cantante,
pero por ahí voy,
y ella me sonrió
y me dijo que lo único que quería
era verme feliz.

Y lo entendí,
 lo entendí todo.

Ay pequeñita,
te extraño tanto.

Me hice cerquillo,
 luzco como tú,
 sólo que con unos cuantos años,
heridas,
lágrimas,
risas,
y de más.

Voy hacerte sentir orgullosa,
te lo prometo.