viernes, 14 de febrero de 2020

Conversación de whatsapp; parte IV


-Feliz San Valentin, amor.
*Sabes que no celebro esas fechas.
-¿Porque es una fecha totalmente comercial,
en donde los negocios aprovechan las mentes vacías del consumidor,
los cuales piensan que el amor debería celebrarse un día?
*Básicamente.

No puedo creer que después de tanto tiempo juntos,
todavía sigas sorprendiéndome,
aún siento que no te conozco del todo,
pero tú pareces saberme de memoria.

Aún me asusta todo lo que logras hacerme sentir,
con solo mirarme,
a veces,
me da ganas de llorar,
verte,
me da ganas de llorar,
porque todas las emociones se mezclan,
y mi corazón late a mil,
y no puede creer aún,
lo mucho que te ama.

Lo mucho que teme perderte.

-He hecho una reservación, pasaré por ti a las ocho.
*No iré a cenar en San Valentin.
-No iremos a cenar por San Valentin, solo llevaré a mi hermosa novia, un casual 14 de febrero,
para que todos se mueran de envidia.
*Casi, pero no.

Porque no me bajaste la luna,
me enseñaste a volar y a subirme en ella,
y hacer lo que yo quisiera ahí.

No me regalaste libros,
pero me hiciste escribir los poemas más lindos
mientras reías.

Porque por ti,
soy gigante.

Porque me enseñaste a quererte,
amándome,
con todas las ganas que existen.

Acariciaste mis miedos,
y los hiciste tuyos,
para empujarlos,
y que se fueran.

Nunca he sido tan yo,
desde que tú.

Porque no me da miedo mostrarte mis rarezas,
mis libros guardados,
mis poemas en servilletas,
mis ganas de cerveza un lunes al mediodía.

Porque soy yo,
contigo.

Siempre contigo.

-¿Si irás, verdad?
*Lo estoy considerando.
-Vamos, dejaré que pongas "she will be loved" las veces que tú quieras.
*Suena tentador.
-E iremos por cervezas, después.
*Estás a punto de convencerme.

Desde que llegaste,
la música jamás volvió apagarse,
canto todos los días en la ducha,
y al mirarme,
veo alguien completa.

Porque bailaste sobre los pedazos rotos de mi corazón,
pusiste mi canción favorita,
y mientras yo lloraba por todo lo que dejaba atrás,
tú,
me estabas curando.

Después de tantos intentos fallidos,
me encontré equivocándome contigo.

Pero a diferencia de todos los demás,
me enseñaste,
te quedaste,
mientras yo aprendía por primera vez
a entregarle el corazón a alguien.

Me demostraste que:
el amor
no rompe,
no duele,
no daña,
sana,
repara,
alivia,
y canta tu canción favorita en el carro.

-Dime que estás lista.
*Sí.
-Qué alivio, llegué a pensar que me dejarías plantado.
*Oye yo no haría eso.
-Sí lo harías.
*Bueno, sí.

Feliz día de los enamorados,
amor.

jueves, 13 de febrero de 2020

Cuando te miro.


Una vez,
en un intento de ser romántico
preguntaste:
¿a dónde viajas cuando me miras?

Y yo respondí:
a los domingos en la mañana,
con aroma a café,
de esos días soleados en la playa,
con la brisa sacudiendo mi cabello.

Cuando te miro,
yo viajo al pecho de papá,
donde él me contaba historias,
y decía lo mucho que me amaba.

Cuando te miro,
suena mi canción favorita,
Monet pinta un cuadro,
y Elvira escribe otro libro.

Todo esto,
cuando te miro.

Cuando te miro,
yo vuelo a los días más felices de mi vida,
todo resumido a ti.

Cuando te miro,
yo voy a casa.

Tú eres casa.

Siempre pensé que el olor a casa,
sería una taza de café recién hecho,
un libro nuevo,
o flores por doquier decorando la sala.

Y no sé,
pero tú hueles mucho a hogar.

domingo, 19 de enero de 2020

Una historia con un final feliz.


Creo que siempre escribo de cosas tristes,
que leo historias nostálgicas,
que las películas que me hacen llorar,
son mis favoritas

Amores vanos,
despedidas imprevistas
de aquel 2014 que me tuvo de rodillas
360 días consecutivos.

Siempre escribo historias que me dejaron
completamente rota,
de personas que no tuvieron el valor de decirme adiós,
de caídas que me dejaron 101 cicatrices.

Pero ya va siendo hora.

Hora de contar sobre los días de sol,
en los que me río hasta que me duele el estómago,
de cuando me veo al espejo,
y me siento preciosa.

De cuando mamá acaricia mi cabello,
y todo parece estar mejor,
de cuando compré mi poemario número 30,
y agradecí a la vida
de haberme puesto en frente a mi gran amor.

De que las cosas parecen tener sentido de nuevo,
que aunque aún no pueda creer que me esté haciendo adulta,
la vida de vez en vez me permite sentirme una niña.

Escribir acerca de la forma en la que me mira,
de la manera en la que ríe,
que cuando él despierta,
siento que mi mundo se enciende con él.

Escribir de él.

Y eso sí que me llevaría unos tres libros.

Que él no vino a salvarme,
pero sí a contemplar cómo yo solita me levanto.

Escribir de él.

Toda una vida.

domingo, 5 de enero de 2020

Mucho gusto.


Hola,
me presento,
soy Alejandra,
tu nieta.

Tengo 23 años,
universitaria,
sin muchos talentos,
pero me gusta leer,
como a ti
¿recuerdas?

Me gusta respirar aire fresco,
fotografiar paisajes,
ir a montañas,
como a ti
¿te acuerdas?

Amo la música,
en casa siempre suena a todo volumen alguna canción,
me gusta el sonido de los violines,
y del piano,
como a ti
¿recuerdas?

Colecciono centenares de libros,
y tengo un librero precioso,
y a lado de mi cómoda siempre hay uno
que espera ser abierto,
como tú solías hacerlo
¿te acuerdas?

Adoro a Isabel Allende,
aún conservo la saga de la "Ciudad de las bestias"
la que leímos juntos
¿recuerdas?

Sé que no sabes quien soy,
que no tienes ningún recuerdo conmigo,
que se te hace imposible recordarme de niña luchando con mis patines,
que se han borrado de tu memoria las carpas armadas,
las lunas estrelladas,
las noches de risas
y travesuras.

Sé que no debes tener idea,
que por ti,
soy un poquito fuerte,
que si ahora pienso que soy capaz de comerme el mundo,
es porque un día trabajaste incansablemente para que me lo creyera.

Sé que no sabes nada de mí,
pero yo te recuerdo tanto,
y en muchísimas cosas estás tú,
sobretodo en las más bonitas.

Aún disfruto mucho verte reír,
porque es de las pocas cosas
en las que aún puedo verte siendo tú,
y espero que lo sigas haciendo como mínimo
unos cien años más.

Abuelito,
me presento,
soy tu nieta,
la del medio,
la que nunca le gustó los deportes,
por eso tú me hablabas de libros,
odiaba ensuciarme,
así que tú me contabas historias,
la niña que tenía miedo a absolutamente a todo,
ahora lucha sus guerras sola,
todo por ti.

Ojalá devolverte los recuerdos,
pero podemos hacer unos nuevos,
ojalá tener la oportunidad de hacerlo.

jueves, 2 de enero de 2020

Limpieza de fin de año.


Hoy hicimos limpieza de fin de año en la empresa,
sacamos papeles,
archivamos cuentas incobrables,
trámites pendientes que no se pudieron concluir,
todo en cajas,
todo lo resumido en un año,
guardado en una bodega.

Y yo pensaba:
ojalá poder hacer eso,
guardar lo nuestro en cajas,
sin necesidad de abrirlas de nuevo,
que estén ahí,
sin hacer daño a nadie.

Sin hacerme daño a mí.

Cuando te fuiste,
te fuiste en serio,
guardé todos los poemas,
todas las lunas,
todas las sonrisas en una maleta,
en una maleta que no me atrevía abrir.

Cuando pasó el tiempo,
cuando me creí curada,
la desarmé con cuidado,
con cautela,
por si aún cortaba.

Y creí que no,
que era un capítulo cerrado,
un libro aburrido,
dos protagonistas que no se querían más.

Hoy,
eso,
se me antoja un error.

Esa maleta jamás debió abrirse.

Debió quedar ahí,
en un rincón,
llenándose de polvo,
haciéndose vieja.

De ser así no me estuviera doliendo,
como me duele ahora.

Ojalá poder volver a ser dos desconocidos,
a que yo supiera tu nombre,
tú el mío,
y nada más.

Ojalá volver a aquella noche de viernes,
y no salir nunca.

Ojalá dolieras un poquito menos.

Si me preguntas si me arrepiento de nuestra historia,
justamente ahora,
te diría que sí,
pero sobretodo la parte del adiós.

Ojalá poder decirte adiós de otra forma

Ojalá entendieras que te adoré,
que te quise,
como esas niñas que encuentran su primer amor
en un actor de cine,
y ven su película mil veces,
y se aprenden sus diálogos,
y no se cansan de verlo jamás.

Ojalá entendieras que lo nuestro,
no me dio otra opción.

Que te necesitaba,
más allá de una llamada,
de un video,
yo necesitaba que sostuvieras mi mano
y me dijeras que todo iba a estar bien.

Que preferí romperme cientos de veces,
antes que romperte a ti.

Y eso es lo único que aprendí,
de lo mucho que te amé.

Y de eso no va el amor.

Mis amigas me han dicho que "cierre ciclos"
que horrible que suena eso,
como aquello que se cierra
no sea posible abrir,
yo no puedo dejar una puerta entreabierta,
entre nosotros,
porque vamos
que mediocre sería para esta historia.

Yo necesito enjaular, echar con llave,
quemar cualquier resto de tu mirada,
para ver si así,
consigues salir de mí.

En fin,
que me han dicho que me corte el cabello,
que me lo pinte,
que te mande un mensaje en donde te vas directito a la mierda,
y una vez más,
me ha parecido mediocre.

Por eso,
lo he hecho a mi manera,
escribiéndote esta absurda,
estúpida,
idiota
"carta de amor".

La última.

Terminar como todo empezó,
tú,
siendo mi inspiración.

No me voy a desesperar,
porque ya lo he hecho,
y mira como todo acabó.

Tranquila,
pasito a pasito,
que el tiempo lo cura todo.

O eso quiero creer.

miércoles, 1 de enero de 2020

Cosas por decirte.


He aprendido a planchar,
ahora procuro desayunar,
tengo una rutina inquebrantable
de dormir ocho horas,
madrugo,
ya no me desvelo.

Leo un montón,
veo series,
tomo cerveza cada viernes.

Y sigo amando a Drexler,
Vicente García,
y Alborán.

Tengo este año para graduarme,
y estoy muerta de miedo.

Quiero ir a Nueva York en octubre,
y aprender francés.

Quiero decirte que ya no te odio,
que probablemente jamás lo hice en realidad,
pero que cuando te falla alguien que jamás creías que lo haría,
duele,
y duele un montón.

Pero eso es otra historia.

Algún día te la contaré.

Que espero que algún día lo entiendas,
que sí te puedes ir de alguien queriéndolo con todo el alma,
que cuando te toque crecer de golpe,
te encuentres haciéndote mayor,
tengas alguien que sostenga tu mano,
y no te sientas tan solo como alguna vez yo me sentí.

Que no sientas jamás que la vida te pesa,
que yo me quedé con dolor de cuerpo por querer sostenerla tantas veces.

Me gustaría contarte tantas cosas,
pero aún tengo la estúpida esperanza que la vida nos regalará horas
para decírtelas mirándote a los ojos.

Que espero que algún día lo entiendas,
lo entiendas todo.

jueves, 26 de diciembre de 2019

Querido 2019


Querido 2019.

Has sido un maldito hijo de puta.

Pero gracias.

Ha sido el primer año,
en el que por primera vez.
sentí el corazón verdaderamente roto,
noches sin dormir,
lágrimas imprudentes,
manos nerviosas,
la cabeza jugándome malas pasadas.

Domingos oscuros,
pasar horas en el baño,
respitiéndome que puedo,
que voy a poder,

Y mira que sí.

Dejé de contar con personas que si me ponían a elegir,
yo me quemaba las manos por ellas.

Y lo hice,
y ellas jamás me rescataron.

De enero a junio,
viví una vida,
y de julio a diciembre una completamente diferente.

Me sorprendí pagando deudas,
haciendo planeas a futuro,
ahorrando para mi viaje soñado.

Me sorprendí usando tacos,
chaquetas,
y corriendo por llegar temprano al trabajo.

Me sorprendí viéndome mayor.

Y nadie, jamás me advirtió lo difícil que iba a ser.

Me encontré rechazando cervezas,
encuentros casuales,
citas,
y personas intermitentes.

Me encontré,
a mí.

Sentada, leyendo un poemario,
escribiendo cosas sin sentido.

Me sorprendí riéndome como una loca,
después de haber pasado noches llorando..

Y había vuelto a bailar,
a tomar vino,
y a usar vestidos.

Me reconstruí,
solita.

Y aunque sigo rota,
también me crecieron piezas diferentes,
partes que componen algo que sigue siendo bonito,
y fuerte,
y valiente.

Y así me siento.

Querido 2019,
no te voy a extrañar ni un poquito,
pero gracias,
gracias por lo que me enseñaste,
por lo que te llevaste,
y por lo que se quedó.

E infinitas gracias por gritarme a viva voz,
lo mucho que valgo,
lo hermosa que soy,
y lo valiente que puedo llegar a ser.

Y eso,
muchas gracias.