sábado, 20 de junio de 2020

Tómalo o déjalo.


Podría decirte que voy a necesitarte toda la vida,
podría escribirte mensajes todos los días,
ir por ti a la salida del trabajo.

Podría comprarte aquel encendedor que mueres por tener,
para alimentar tu absurdo vicio de fumar.

Podría decirte que sí a todos los planes que tienes,
a todos los viajes,
a todas las fiestas.

Podría escribirte poemas de lunes a viernes,
decirte que sin ti,
mi mundo deja de girar.

Podría decirte que la vida es más bonita desde que estás,
que ahora todo tiene sentido,
y que el sol por fin alumbra mi ventana.

Pero  la verdad es que yo ya bailaba antes que llegarás tú a la pista.

Yo ya vivía,
ya sonreía,
ya escribía.

Yo ya era yo,
antes de ti.

Mi vida ya tenía un rumbo,
ya tenía sonrisas,
canciones,
soles,
lunas
y miles de estrellas,
sin ti.

No contesto llamadas,
ni mensajes,
no me gusta la palabrería,
ni los aniversarios.

A mi dime que pasas por mi,
y nos vamos a conquistar el mundo,
te juro que yo encantada llevo las cervezas.

No me gustan los quizás,
ni los tal vez,
háblame de lo que quieres,
de tus certezas,
de tus planes a futuro,
dime que me ves ahí.

A mi el romance no se me da,
pero te juro que si vienes esta noche
te hago un rinconcito en mi cama,
y en mi vida.

Tal vez,
lo podríamos negociar.

Tómalo,
o déjalo.

viernes, 12 de junio de 2020

Chiquitita.

Hoy me siento chiquitita,
como una nena de cinco años
a la que su mamá esta viendo a unos metros de distancia
pero ella se siente perdida.

Hoy tengo ganas de llorar abrazada a papá,
y no está,
y lo echo tanto de menos.

Últimamente siento que todo sale mal.

Quiero dejar de hacerme la valiente,
de fingir ser fuerte,
cuando solo quiero caerme,
 acostarme en el suelo,
ver todo desde abajo y descansar un rato.

Mi mundo pesa demasiado.

Eso no significa que me estoy rindiendo ¿verdad?

Quiero que el mundo pare de girar,
estoy mareada.

No consigo sostenerme sin que mis piernas tiemblen,
y levantarme de la cama a veces significa un esfuerzo sobrehumano,
quiero bajar los brazos,
y no puedo.

Quiero que esta noche,
después de tres meses de no tener a nadie,
venga alguien y me abrace por la espalda,
me caliente los pies,
y me diga: que soy muy fuerte,
que llorar también es de valientes.

Quiero dejar de sentirme tan rota,
aunque sea un sábado por la noche,
con un vino en mano,
y estar orgullosa de lo que he conseguido todo este tiempo.

Pero siento que no puedo,
que no.

viernes, 5 de junio de 2020

911.


Tu número en marcador rápido,
en miles de notas,
en la hoja al final de mi libro favorito,
rayado a lado de nuestro poema,
con un corazón al inicio.

Cuando te fuiste,
y en serio lo hiciste,
intenté borrar todo aquello que podía atarme a ti.

Lo conseguí,
fotos,
poemarios,
cartas,
aquella camisa azul que te dejaste un día en casa,
aquel encendedor que creíste perder en mi cumpleaños 23.

Todo,
se fue.

Excepto tu número,
aquel terminado en dos.

No pude.

Lo intenté.

En serio.

Pero es que me aterraba la idea de perderte del todo,
de que un día,
el mundo se me cayera a pedazos,
y al tocar tu puerta,
no seas tú,
el que me abra.

Suena egoísta,
pero es que no imagino la vida sin ti.

Que un día te vayas,
y no pueda seguir tu camino.

A veces siento que siempre voy a necesitarte,
y que cargues conmigo el mundo
que últimamente se me antoja tan pesado.

Y lo siento,
en serio lo siento,
si aquel viernes en el que te llevaste todo
pensabas nunca más volver.

Y entendería que así fuera.

Pero si después de cinco años,
te llamara
y te dijera que he encontrado al amor de mi vida,
que he dejado el café
y que he comprado el poemario número 100 de mi colección
¿contestarías?
¿te alegrarías por mi?
porque yo lo haría,
sin duda.

Quiero verte siempre feliz.

Y si fuera conmigo,
te juro que no me molestaría.

Eres mi llamada de emergencia,
lo fuiste desde el primer día que cruzaste mi puerta tocando la guitarra,
y lo sigues siendo ahora,
ahora que llevo dos años sin saber de ti.

Aún quiero que un día cualquiera
puedas recordar mi número,
y sin necesidad de ninguna introducción
respondas:
eres tú,
siempre has sido tú.

jueves, 28 de mayo de 2020

Independencia, eso dicen.


Alarma a las seis de la mañana,
mensaje de mi jefe,
mucho trabajo.

Cocinar,
pagar deudas,
la tesis,
trabajo
y más trabajo.

Insomnio,
cervezas en la nevera,
cama sola,
noches eternas.

Había creído que siempre iba a necesitar un hombro
que me sostuviera,
alguien que cargara conmigo el mundo
que parecía aplastarme.

Creía que los poemas tenían más sentido
cuando escribía acerca de alguien,
de encuentros fortuitos,
o de aquella vez que solo necesitamos una guitarra
para hacer de mi sala,
todo un concierto.

Creí que siempre es mejor de a dos.

Ahora me encuentro en una casa en donde mi única compañía
es aquella canción que dejaste sonando
la última vez que volviste,
tu carta sin acabar,
y tu olor por el armario.

Tus 101 poemarios,
tu reloj dañado,
y el olor a cigarrillo,

Hoy me ha dado ganas de gritar,
de no pararme de la cama,
y he pensado en ti,
como siempre.

Tu número sigue en marcador rápido,
mi llamada de emergencia,
mi túnel de salida.

Sé que puedo sola,
lo sé,
pero te quiero,
aquí,
conmigo.

martes, 26 de mayo de 2020

Juventud.


Te conocí a los dieciséis,
en época de deberes,
libros,
amigos.

En medio de risas,
de mariposas en el estómago,
de peleas con los padres,
de las primeras borracheras,
y escapadas de viernes.

Te conocí cuando la vida era fácil,
cuando todo iba a mi ritmo,
cuando no sabía a dónde quería ir,
pero eso no me importaba,
porque estabas tú,
sosteniendo mi mano.

Te conocí con uniforme de colegio,
en medio de risas tímidas,
de planes infantiles,
cuando el mundo bailaba en mi ombligo,
y todo parecía caber en la palma de mi mano.

Fue fácil ¿sabes?
enamorarme de ti,
creer que esto duraría para siempre.


Y no fue así.

Un jueves cualquiera,
la vida empezó andar más rápido y yo no alcancé a seguirte,
y tampoco lo intenté la verdad.

Fue extraño ¿sabes?
la forma en la que nos dijimos adiós,
un día nos amábamos como a nadie
y al otro,
de repente,
nos convertíamos en adultos.

En adultos,
que seguían caminos diferentes.

Entonces te veo,
ocho años después.
con otra voz,
usando expresiones nuevas,
riéndote de la manera en la que te recordaba.

Resulta que eres doctor,
amante al rock,
y que fumas media cajetilla diaria.

Entonces te veo,
y soy aquella niña de nuevo,
que disfruta verte reír,
que lee Harry Potter,
y que baila al son de las manecillas del reloj.

Entonces me ves,
y te veo con dieciséis años,
agarrando mi mano,
prometiéndome que llegaríamos así,
a viejos.

*Me gustaría haberte conocido después
-me dices-
no tan jóvenes,
no tan ingenuos.
*Y si hubiera sido así ¿te quedarías?
¿serías el amor de mi vida?
-te digo-
*Sabes que sí,
sería un placer.
-me respondes.

domingo, 17 de mayo de 2020

Me gustas en azul.


Soy adicta al control.

Lo soy.

Siempre tengo una agenda a la mano,
cuatro esferos de colores,
centenares de post its,
alarmas,
horarios precisos.

Tengo miles de planes,
todos con fechas,
con tiempos específicos.

Soy muy intensa con la vida,
siempre le exijo más de lo que puede darme.

Mis sentimientos,
siempre a flor de piel,
no puedo a medias,
nunca.

Cuando me gusta una canción puedo escucharla cien veces
en un día,
y la mañana siguiente detestarla con todo mi ser.

Lloro con libros,
con cartas,
con ver a mi mamá tomando café.

Para mí vivir,
implica sentir,
sentirlo todo,
el amanecer y ver los primeros rayitos de sol,
contemplar la luna por horas,
respirar y que el aire huela a jazmín.

Ver a alguien y que eso te transporte a tu concierto favorito,
a tu canción predilecta sonando en la radio,
a la cerveza del domingo.

Por eso siempre ando de puntillas.

Porque siento,
y lo hago demasiado.

Por eso lo que no pueda ajustarse a mis días de la semana,
a mis ocho horas laborables,
todo aquello que yo no pueda controlar,
lo desecho.

Antes que eso acabe conmigo antes.

Pero me he encontrado con un post it pegado al respaldar de mi cama,
con tu nombre dibujado,
y creo que puedo pintar corazones en mi agenda,
señalando tu fecha de cumpleaños.

Que si no tengo tiempo,
le invento veintiséis horas al día,
para cenar contigo.

Me dijiste un día:
"me gustas en azul"
y supe que te referías a mi camisa.

Pero yo solo imaginé;
que me quisieras siempre en azul,
en gris,
y en negro también.

Cuando todo va mal,
que me quieras ahí también.

Cuando no puedo con mi ansiedad,
con mi estrés,
cuando la vida se me antoja gigante.

Que me quisieras ahí también,
sobretodo ahí.

miércoles, 13 de mayo de 2020

En un universo paralelo


El mundo hace ruido otra vez,
las noticias de la tarde se han convertido en una pesadilla.

Hoy he ido al trabajo, y había tráfico,
de nuevo.

La vida se ha vuelto rara ¿sabes?
a veces siento que los días se me esfuman,
y otros,
en donde las horas parecen años.

A veces el estrés me pasa factura,
el insomnio vuelve,
y las pesadillas con la vida de mis padres,
aparecen en cartelera principal.

A veces la vida se me antoja complicada.

Y es ahí cuando vuelvo a casa.

Al hogar donde habitan tus sonrisas,
a los lunes en pijama,
trabajando desde la computadora,
contestando llamadas,
comida a domicilio,
y haciéndole trampas al tiempo,
en donde trabajo y también te observo.

Qué bonito es mirarte.

El encierro se me hace el paraíso cuando voy a la cama,
y estás tú,
calentándome los pies,
abrigándome el alma,
leyéndome poemas para dormir,
cantándole a mis monstruos.

Estás tú,
calmando mis ideas,
bailando con mis problemas,
y la vida se pausa un ratito.

En un universo paralelo,
yo estuviera escribiéndote esto en vivo y en directo,
pidiéndole a la vida que me regale cuarenta días más contigo.

En un universo paralelo,
estuvieras aquí,
haciéndome feliz.