domingo, 19 de abril de 2020

Domingos.


Los domingos vuelvo al calor de hogar,
al sabor de la sal impregnada en mi piel,
al bronceado de más,
a las tristezas de menos.

A su gente bailando salsa en cada esquina,
a la comida de otro mundo,
a los mojitos viendo al sol esconderse,
a los gritos de los niños,
a las olas rompiéndose unas con otras,
sanándonos desde adentro.

Los domingos yo vuelvo a mi amor de la niñez,
a los escondites de adolescencia,
a mi primera borrachera escondida de mis padres,
bailando frente a la playa.

Vuelvo a mis tardes de volleyball,
a mis libros esperando en el mueble,
a mis cds de colección empolvados,
a mi mamá bailando una canción de Whitney Houston.

Vuelvo a los vinos,
al olor a marisco,
a los días manejando a la playa con la música a todo lo que da,
con mi hermana de copiloto.

Vuelvo a los secretos de mi mejor amiga,
a las travesuras con Renata,
a las despedidas de niña,
a los arrumacos de papá.

Los domingos yo regreso a la brisa de mar,
a los balcones tomando cerveza,
a los atardeceres,
al cabello de arena.

Mañana hay trabajo,
pero hoy,
hoy yo regreso a casa.

domingo, 29 de marzo de 2020

Palabras favoritas.


Me han preguntado por mis palabras favoritas,
y yo no dude al decir:
luna,
dientes de león,
margaritas.

Siempre he creído que las tres están asociadas
a los deseos,
y a mi me encanta pedir deseos.

Soy una niña chiquita recolectando pestañas,
persiguiendo estrellas fugaces,
cualquier cosa que me de la mínima esperanza,
que un día así de la nada,
amaneceré viendo tu rostro.

Porque hay mañanas bonitas,
ya sabes,
el olor a café inundando el comedor,
toda la familia riendo,
música a todo volumen,
un domingo en compañía.

Pero todo es mejor,
cuando cualquier día,
inicia con tu sonrisa.

No me importa desperdiciar mil deseos,
si en el 1001,
apareces tú.

No sé,
 sigues siendo la persona en la que pienso antes de dormir,
con la que anhelo al despertar.

Y no sé.

Ojalá no desearte.

Ojalá un día entienda que no eres el amor de mi vida,
pero sí la persona de mis sueños,
y que te quedes solo en ellos.

Ojalá.

No lo sé.

Últimamente no se muchas cosas.

En fin.

Me han vuelto a preguntar sobre mis palabras favoritas,
y ya no estoy muy segura,
pero que llevan las seis letras de tu nombre,
las lleva.

domingo, 22 de marzo de 2020

Heroína.

Siempre había alardeado de mi independencia.

La niña capaz de todo.

La que le sacaba la lengua a los problemas,
la que lloraba un jueves noche,
y se iba a bailar un viernes con una copa de vino en la mano.

La imparable.

La de mil armaduras.

A la que si le rompían el corazón,
se sacudía las partes que sobraban y se paraba de nuevo.

Nunca me he considerado fuerte,
pero si luchadora,
porque no recuerdo una vez que me haya caído y no lo haya intentado.

Pero una vez más,
la vida se me ha reído en la cara,
para demostrarle lo que soy capaz.

Jamás pensé que la cura a todos los males,
se encontraba en el abrazo de mamá,
abrazo que hoy no tengo,
y así estoy.

La cosa que lidiar conmigo,
ha sido mucho más difícil que pelear con mil monstruos,
y es ahí donde está el problema.

Cuando te acostumbras tanto a las personas,
a reír por compromiso,
a decir que sí,
cuando mueres de ganas por decir que no.

Es cuando te vas perdiendo,
de a poco.

Y ahora toca verme todos los días,
aguantar mis pensamientos,
poner música a todo volumen
y ponerme a bailar
porque así lo quiero,
porque a veces lo necesito.

Al final de todo esto me convertiré en mi propia heroína.

Sé que después de la tormenta,
encontraré una Ale de la cual esté completamente orgullosa,
porque me ha demostrado que estaba equivocada,
que sí que era fuerte.

Además los arcoiris se ven preciosos,
cuando nacen de mi sonrisa.

lunes, 9 de marzo de 2020

Ella y él.

La niña de las 101 alarmas,
una agenda,
tres esferos,
post it por doquier.

Trabajo a medio tiempo,
universidad,
clases de francés los sábados.

Coleccionadora de poemarios,
amante al vino,
y a las películas clásicas.

Una controladora.

Él,
el fumador compulsivo,
el músico frustrado,
el guitarrista de los bares.

El de mirada penetrante,
el de sonrisa encantadora,
el de las malas palabras,
y gestos bruscos.

Él,
el de las chaquetas oscuras,
el de la mirada perdida,
y sin planes a futuro.

Varias veces se había preguntado,
qué era lo que hacía con su vida,
a dónde iba a parar,
si sus noches de viernes seguían durando siete días.

Tenía miedo.

Necesitaba un rumbo.

Y entonces lo encontró,
lo halló en una niña de lentes,
metro setenta,
y sonrisa tímida.

Lo encontró en su poesía,
y su forma de cantar,
en la manera que hablaba de los libros,
de la música y
de historia.

Ella necesitaba que la alocaran un poco,
algo de velocidad,
algo que la hiciera apagar sus alarmas,
y fugarse un día de clases,
y él,
que lo calmaran,
necesitaba un día de vacaciones,
en la playa,
sonando Carlos Sadness.

En fin,
se necesitaban,
y se necesitarían toda la vida.

miércoles, 26 de febrero de 2020

Querida Alejandra.

Querida Alejandra de 16
Soy yo, la Ale de 23 , te escribía para decirte que estoy muy feliz por ti, orgullosa; sobretodo orgullosa.
Quiero contarte que ya no me encierro en el baño a llorar, que ya no me siento horrible cuando me veo en el espejo, que ahora me gusta mi sonrisa, y me río un montón.
Que ya no me compro ropa que disimule mi peso, y que estoy muy feliz de ser menos delgada, que ahora leo por diversión y no porque lo necesite, que encontré la poesía y ahora me siento un poquito más parte del mundo.
Que ya no me juzgo, que puedo hablar con desconocidos sin ponerme tan nerviosa, que ahora frecuento lugares nuevos y me fascina.
Ahora hablo de mis problemas, y le cuento mis inseguridades a mis hermanos, y ya no me avergüenzo de ellas.
Tengo carácter Ale ¿te imaginas? ya no agacho la cabeza, y cuando algo no me gusta, lo digo; no me callo, ahora opino y grito un montón, creo que es porque pase callada mucho tiempo.
Ya no me hago daño, Ale; sobretodo ya no me hago daño.

Querida Alejandra de 18.
Soy yo, la Ale de 23; mami está mejor; sé que todo esto es muy nuevo para ti, pero ella va a estar bien, y tú también lo estarás.
Debiste haberlo hablado más.
Debiste haber escuchado más a Paúl y a Gaby.
Debiste haber estado más.
Pero mami no te lo reprocha, deja de castigarte tú.
Las cosas están de maravilla.
Disfruta más de la Universidad, el tiempo vuela; créeme.
Las cosas van a estar bien.
Ya no llores.
Anda más a la playa, luego no tendrás tiempo.
Disfruta de las olas, cuéntale tus secretos.
Cúrate, límpiate; pídete perdón.
Abraza a papá, él lo necesita.
Tienes a mucha gente que te ama, deja de creer que no.
Soy más positiva Ale ¿te imaginas?
Ahora soy más optimista.

Querida Alejandra, de 20.
Soy yo, la Ale de 23, a mi vida, ya no entran personas que me hacen daño.
Toditas las deseché.
Ale, permitiste que te hicieran mucho daño.
Te dejaron rota y tú no hiciste nada al respecto, solo te quedaste a recoger los pedazos,
mientras estos te seguían cortando;
y eso, eso no está bien.
Pero lo aprenderás, con el tiempo lo aprenderás.
Ale, mereces más que personas a medias, que un cariño a medias, que un "te quiero, pero mañana no sé"
porque tú sí sabes.
Deja de decir; "sé que no soy bonita, pero..."
porque sí lo eres.
Ale, eres preciosa.
Deja de medir tu valor en base a las opiniones de los demás,
de si eres del agrado de uno que otro tarado.
Porque no es eso lo que mereces.
No lo mereces, deja de creer que sí.

Querida Alejandra, de 22.
Soy yo, la Ale de 23.
¿Te duele mucho el corazón verdad?
Deja de llorar pequeña, deja de esconderte en los rincones del trabajo, no te hieras más; por favor.
Vas a estar bien.
Muchísimo mejor.
Te reconstruirás de cero, y serás una obra de arte preciosa.
Siempre lo has sido.
Vas aprender un montón.
Sobretodo que eres capaz de todo, de todo y más.
Que tú has tenido el poder desde siempre, solo que no lo has querido ver.
Solo hace falta de que quieras sanar, y sanar en serio; y solo así un día despertarás y tendrás arcoiris por doquier, la lluvia habrá pasado.

Hola Ale de 23.
Te pido disculpas, te pido perdón chiquita; por haberte herido tanto, por haber dejado que te desangraras, pensando que sanarías sola.
Lamento haberte dejado olvidada.
Lo siento tanto.
No lo merecías, no merecías todo el daño que te causé.
Que te causé por mis miedos, por mi falta de cariño, por no abrazarte cuando lo necesitabas,
por no decirte que estabas preciosa cuando lo estabas, por compararte siempre con las demás, por no creer que eras suficiente cuando siempre fuiste más que eso, más que "solo suficiente"
Te amo Ale, y lo siento tanto.

martes, 25 de febrero de 2020

Arcoiris


Ha llovido todos los días estando en casa,
y hoy,
mientras papá manejaba,
vi cómo un arcoiris se formaba entre los árboles.

Era precioso.

Ahí entendí que
las lluvias,
las tormentas,
también crean cosas bonitas.

Y he pensado en todo el año que he llevado a cuestas,
que después de tanto daño,
de tantas noches llorando,
un día voy a poder salir de la cama,
admirar el hermoso arcoiris que he formado.

Cuando te rompes,
y te rompen,
y te destruyes,
y te destruyen;
no hay marcha atrás,
siempre las personas se llevan una parte tuya con ellos,
a veces las partes bonitas,
y es ahí,
cuando duele.

Pero también puedes crear cosas preciosas
a partir del daño,
cosas muchísimo mejores después de eso.

Aún sigo lloviendo.
aún hay días en los que me descubro sintiéndome chiquita,
que mis sueños,
que mis planes,
me quedan enormes.

Pero también estoy convencida que el tiempo
arregla y repara,
y un día me encontraré siendo un verano precioso,
donde nacen arcoiris.

Donde les pides deseos
y flotan dientes de león,
me encontraré siendo feliz,
cosa que he olvidado con el tiempo.

lunes, 17 de febrero de 2020

Se llamaba.


Se llamaba Ingrid,
Fátima,
Marta,
Lorena,
incluso una se llamaba como yo,
Alejandra.

Se llamaba,
ya no.

Tal vez también le gustaban los libros,
o tomar vino con sus amigas,
tal vez le gustaba reírse un domingo en pijama,
tal vez estaba a punto de graduarse,
como yo.

Tal vez creía que sí,
que era el amor de su vida,
que la iba a querer cien años más.

Tal vez no.

Tal vez tenía miedo.

Tal vez salía del trabajo,
de la universidad,
y cogió un taxi para llegar pronto a casa,
y abrazar a mamá.

Tal vez llevaba encima unas cervezas,
una falda corta,
y una amiga esperando por ella en el departamento.

Y ella igual,
no lo estaba pidiendo,
no lo imploraba,
no lo quería.

Tenía siete años,
Dios,
me dan ganas de llorar,
porque tenía solo siete años.

Tenía dieciséis,
tal vez no se ha enamorado aún,
tal vez quería ser doctora,
o abogada,
tal vez.

Me falta el aire,
se me forma un nudo en la garganta,
porque hoy,
ya no están,
las mataron.

Una más,
otra en la estadística.

¿Saben lo horrible que es?
¿Lo saben?

Gabriela tiene clases de portugués en las noches,
miles de sueños,
y una carita preciosa.

¿Saben el miedo que me da,
que pueda ser ella?
que un día no me llegue su ubicación,
las llamadas se desvíen,
y sea ella.

Ella que es tan perfecta.

¿Saben lo mucho que me duele ser mujer,
y tener una hermana,
amigas,
primas,
una madre extraordinaria?

¿Lo saben?

¿Saben el miedo de ver alguna vez su foto,
con el título de:
"desaparecida"?

¿Lo saben?

Si lo saben,
entonces déjennos en paz de una puta vez.